La Coctelera

¿Es posible pensar libremente?

[Confiamos en que no será verdad nada de lo que pensamos. Machado]

26 Marzo 2008

¡Qué tengas muchos juicios y los ganes!. ¿La justicia es justa?

Dicen que la frase del título es una maldición gitana. Ruego que me disculpe la comunidad gitana si no es así. Durante años he intuido el significado de esta “maldición”, pero no acababa de comprenderlo muy bien. ¡Hasta ahora!. Debido a una serie de acontecimientos de mi entorno he podido profundizar acerca de su significado. ¿Qué quiero decir?. Si tenéis la loca ocurrencia de denunciar una gran injusticia, pongamos en el mundo del trabajo, y denunciáis una empresa que claramente contraviene las leyes y comete continuas faltas a la dignidad de sus trabajadores e incumple ostensiblemente la ley de prevención de riesgos laborales (físicos y psicológicos), podréis comprobar lo que quiero decir.

DENUNCIAS: se trata de una empresa/institución grande, importante, de esas empresas que manejan bien las apariencias con un fuerte componente ideológico que raya en lo sectario. Es una de esas empresas/instituciones que son capaces de poner cara de “que buenos somos” cuando se trata de conseguir dinero, especialmente si ese dinero es público, y sin embargo, tienen un personal preso del miedo por el enfermizo control que ejercen, y los contratos “basura” que aplican con la complicidad de las leyes laborales que les bonifica los innumerables y precarios contratos fijos de menos de un año de duración. Se inicia el proceso judicial. Antes has denunciado, en innumerables ocasiones las barbaridades que se comenten, a los organismos internos competentes de “nuestra empresa ejemplar” (delegada de prevención, recursos humanos, superiores en jerarquía, etc.), habiendo obtenido el silencio por respuesta. Cuando se inicia el proceso judicial comienzan a darse por enterados con gran asombro porque no se habían dado cuenta de nada y ahora si quieren negociar. Pero qué quieren negociar, ¿reparar el mal hecho?, pues no, quieren negociar la salida de la empresa del osado denunciante a cambio de dinero, cuanto menos mejor.

Después de meses o años de silencio e inactividad, automáticamente se inicia una actividad febril, que por su eficacia suena a repetida y habitual. Todos, abogados de las dos partes, sindicatos, testigos, juez, todos al unísono vociferan al denunciante “coge el dinero y corre”.

El denunciante ¡iluso!, se resiste, él no cree que el dinero compense la injusticia y los padecimientos que le han causado y causan a muchas personas. Tiene dos opciones:

LAS PRESIONES SON TAN FUERTES QUE FINALMENTE CEDE. Al día siguiente tiene un dinero en su cuenta, obviamente insuficiente para compensar la injusticia cometida, y debe comenzar de cero hasta que vuelva a encontrar injusticias similares y así continuamente como si dios le hubiese castigado a la repetición eterna por su osadía de enfrentarse a la “violencia establecida” como normal. ¿Qué dicen los psicólogos o similares?, “debes pasar página”, el denunciante ha de abandonar sus ideales y adaptarse a la ignominia cómo hace la gran mayoría, incluidos ellos, y debe concentrarse en su felicidad personal, viajar, ir al cine, comprar cosas, etc… es decir, mirar para otro lado y consumir mucho. ¿Y los “filisteos” que gritaban “coge el dinero”?, satisfechos con su mezquindad han empezado a decir ¡yo ya lo sabía, únicamente buscaba el dinero!

A PESAR DE LAS PRESIONES NO CEDE. Nuestro denunciante puede tener la peregrina idea de no ceder a la presión y decidir ir a juicio, supuesto órgano imparcial que únicamente se basa en pruebas y hechos, ¡dicen!. ¡No sabe lo que ha hecho!. Lo más normal es que se inicie el juicio con un juez cansado y enfadado por la osadía que ha tenido de no aceptar tan suculenta cantidad de dinero y pretender JUSTICIA.

El juicio es un auténtico teatro donde está aceptado que todo el mundo miente. Se trata de ver quien miente mejor. Los abogados tienen licencia judicial para no decir la verdad, y si los testigos de la empresa, en el propio proceso quedan en evidencia que se contradicen y mienten, nadie les dice nada. No pasa nada. Yo había estudiado, y he visto en innumerables películas que eso es perjurio, es decir, un delito. Las pruebas, lo mismo, las hay verdaderas y otras especialmente preparadas para apoyar las tesis de la empresa, nadie se preocupa por la autenticidad o no de las pruebas, si el juez está cansado y tiene prisa, pasará todo el juicio “metiendo prisas” especialmente al mas débil, el denunciante…

El juicio finaliza y a esperar sentencia.

Pueden pasar dos cosas: LA SENTENCIA DA LA RAZÓN AL DENUNCIANTE. Es de decir gana. Condena y ordena a la empresa que rectifique la injusticia y le pone una sanción económica. Después de los recursos la empresa paga, pero nadie tiene autoridad para obligarla a rectificar y cumplir las leyes de prevención de riesgos laborales y de derechos de los trabajadores a la dignidad, la promoción, y la no discriminación. El denunciante se convierte en la empresa en persona maldita que sus propios compañeros perciben con miedo. La empresa podría sancionarles por hablar con semejante “bárbaro” que ha denunciado a la empresa.

LA SENTENCIA NO DA LA RAZÓN AL DENUNCIANTE. Es decir pierde. La empresa mostrará con prepotencia esa sentencia con el objetivo de desacreditar al demandante y preparar el camino al despido disciplinario. El denunciante se convierte en la empresa en persona maldita que sus propios compañeros perciben con miedo. La empresa podría sancionarles por hablar con semejante “bárbaro” que ha denunciado a la empresa.

En las dos situaciones estarás perdido y solo. Pero en caso que hayas perdido siempre puedes pensar que has tenido mala suerte o que la justicia no es justa. Pero qué ocurre cuando has ganado, la justicia en teoría ha hecho su trabajo se ha pronunciado y te ha dado la razón, pero nadie puede hacer que se cumpla. La desesperanza es absoluta

Moraleja 1: la justicia es una …. Moraleja 2: A pesar de todo debes denunciar la injusticia, porque si no lo haces entras en el ejército de los “filisteos”, del miedo y la desvergüenza “solidaria” con la injusticia, pero, eso si, a muchos kilómetros de distancia.

Y qué peor juez que uno mismo. Opta por dormir con la conciencia tranquila...

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Soy antropóloga, profesora de una universidad de Cataluña, investigadora y observadora asombrada e incrédula de los cambios sociales, políticos y económicos que se están dando.







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